sábado, 19 de junio de 2010

Clausura curso









¡ Se acabó!.Visto y no visto. Once años llevo acudiendo a esta escuela de pintura.Los cursos transcurren con demasiada velocidad.Por el camino, se van quedando recuerdos imborrables, horas de aprendizaje y de compartir con los compañeros y profesores que ya son amigos.
Todas las veces siento nostalgia cuando nos despedimos hasta el próximo curso. Y deseo que pasen pronto los meses para volver a empezar. Esta experiencia se ha convertido en la mejor medicina para mi fragil espíritu.

4 comentarios:

Mavi Spagnuolo dijo...

hola! te entiendo perfectamente porque a mi me pasa lo mismo... ir al taller y compartir el sagrado momento de crear, de pintar, con compañeros que estan en la misma busqueda es impagable.
besos, mavi

Manel dijo...

Pues tienes razón, Maite. Aunque en mi caso solo descanso en agosto, je, je,... No puedo vivir sin las clases de pintura.

MAITE RUBERT dijo...

Mavi, Manel: gracias por comprenderme. Un beso.

Eva Magallanes dijo...

Hola Maite... ¡que lindo es aprender junto a otros, crear y compartir!, siento que el ejercicio de taller no sólo permite depurar el oficio si no también establecer importantes vínculos afectivos... un conocerse a si mismo y a los demás a través del arte... ¡Sí, es la mejor medicina para espíritus sensibles que suelen ser muy agredidos por el mundo en el que vivimos.!
Un abrazo y gracias por visitar La Cala.Aprovecho para invitarte a conocer:
http://elsurnuestro.blogspot.com